Saltar al contenido
TOP NEWS

El pasado no impide volver a formar una pareja

4 diciembre, 2020

A pesar de los sinsabores, los recuerdos, la rutina y los cambios que vienen dados por la actualidad misma, seguimos buscando formar una pareja. Pero, ¿por qué? ¿Hay algo en nosotros que nos lleva a ello? ¿Es el ADN, la sociedad o ambos?

A lo largo de la historia de la humanidad han habido múltiples cambios en el modelo de pareja, por no decir incontables. Esta viene a ser una de las razones por las que hoy en día sabemos que las dinámicas de pareja no son del todo iguales a las de hace cincuenta o incluso cien años atrás.

Sin embargo, los cambios no han sido radicales. Se podría decir que las modificaciones evolutivas en la pareja distan poco en cuanto a estructura y rutina.

Formar una pareja ahora no es igual que hace 50 años, ¿o sí?

Después de haber pisado suelo firme hace cincuenta años atrás, la posmodernidad ha traído aparejada la inestabilidad y la inseguridad afectiva, y con ello sacudido las estructuras de pareja y familia. Todo ello, bajo el paradigma lineal positivista.

La actualidad es una época de cambio de paradigma. Por ende, las ideologías, las reglas sociales y familiares, las creencias, la forma de organización en la vida humana, los criterios de verdad, objetividad, racionalidad y realidad no dejan de ser cuestionados. Por ello, la posmodernidad no solo llevó a un cambio teórico sino a modificaciones en formulismos pragmáticos. A su vez, esto acarreó diferentes impactos sobre la estructura de la familia y la pareja.

Hoy en día hay distintos modelos de pareja y también de familias

En el marco de los últimos cincuenta años, el concepto de pareja se ha modificado notablemente. La existencia del divorcio ha generado dos y tres vueltas en el amor de pareja y ha generado nuevos tipos de familias.

Hoy en día, hay nuevos modelos de parejas y familias con diversas características. Por ejemplo, hay matrimonios que no comparten la misma habitación, sino que cada quien tiene la suya, dentro de la misma casa; hay parejas que tienen sus propias restricciones sobre la cantidad de hijos y hay personas solteras que han conseguido tener hijos gracias a la biotecnología, sin que haya sido necesario pasar por un proceso previo de consolidación de pareja.

La convivencia en una pareja es un proceso complejo que precisa paciencia, generosidad, tolerancia y capacidad de adaptación, además de amor. Por supuesto, el amor es la satisfacción de muchas fantasías, pero la convivencia implica trabajo, aprender a soportarse el uno al otro, tratar de conjugar dos personalidades distintas a fin de convivir y si así lo acuerdan, procrear juntos.

Pasan los años y llegan la madurez, las cargas domésticas, los problemas laborales, la crianza de los hijos… aspectos que introducen elementos de separación entre los miembros de la pareja. La rutina y el cansancio enfrían la fogosidad sexual de los primeros tiempos, distanciando los encuentros sexuales. Además, el vigor de los años jóvenes decae y muchas otras cosas ocupan los pensamientos de forma que, progresivamente, casi sin percatarse de ello, disminuye la apetencia por la pareja.

error: Content is protected !!